Cómo estimar el costo real de un proyecto de software
Las variables que más impactan el costo de un proyecto de software y que rara vez aparecen en una primera cotización.
Leer artículo →Un método simple para calcular el retorno de inversión de un proyecto de software: cómo identificar los beneficios cuantificables, proyectar los costos totales y determinar si la inversión se justifica en el plazo esperado.
Invertir en software es distinto a comprar un activo físico. No hay una máquina que se deprecia en los libros contables ni un inventario que se pueda revender si el proyecto no funciona. El retorno no está en el software en sí, sino en lo que el software permite: procesos que se hacen más rápido, errores que desaparecen, clientes que se atienden mejor, decisiones que se toman con datos en lugar de intuición.
Calcular el retorno de inversión —ROI— de un software no es una ciencia exacta, pero tampoco es una adivinanza. Es un ejercicio de identificar los beneficios esperados, cuantificarlos en la medida de lo posible y compararlos con el costo total del proyecto a lo largo de un período definido. Este artículo describe un método simple para hacer ese cálculo, con ejemplos concretos y con advertencias sobre los errores más frecuentes.
El ROI de un software responde a una pregunta simple: ¿el valor que genera este sistema supera lo que cuesta construirlo y mantenerlo?
La fórmula es:
ROI = (Beneficio neto / Costo total) × 100
Donde:
Un ROI del cien por ciento significa que el software se pagó a sí mismo: generó tanto valor como lo que costó. Un ROI del doscientos por ciento significa que generó el doble. Un ROI negativo significa que costó más de lo que generó.
La fórmula es simple. Lo difícil —y donde ocurren la mayoría de los errores— es identificar correctamente qué va en el numerador y qué va en el denominador.
El primer paso es listar todos los beneficios que se esperan del software. No lo que sería lindo que pase, sino lo que razonablemente se puede esperar que ocurra si el sistema funciona como se diseñó.
Los beneficios de un software suelen caer en tres categorías:
Es el beneficio más frecuente y el más fácil de cuantificar. El software automatiza o acelera una tarea que antes se hacía manualmente. El ahorro se calcula como:
Ahorro = (Tiempo actual - Tiempo proyectado) × Costo por hora × Frecuencia
Ejemplo. Una empresa procesa cien facturas de proveedores por mes. Cada factura toma quince minutos entre recibirla, clasificarla, registrarla en el sistema contable y archivarla. El costo por hora de la persona que hace ese trabajo es de doce dólares. Con el nuevo sistema, cada factura va a tomar cinco minutos.
Los errores en procesos manuales tienen un costo: un cobro mal facturado, un pedido mal despachado, un dato mal registrado que después alguien tiene que corregir. El beneficio del software no es eliminar todos los errores —ningún sistema lo hace—, sino reducir su frecuencia y, sobre todo, su impacto.
Ejemplo. Una empresa de servicios pierde en promedio dos facturas por mes por errores de facturación: una que no se emitió a tiempo y otra que se emitió con un monto incorrecto. Cada factura perdida representa en promedio ochocientos dólares de ingreso no percibido. Con el nuevo sistema, se espera reducir ese error a una factura cada dos meses.
El software no solo ahorra: también puede generar nuevos ingresos o aumentar los existentes. Esto es más difícil de proyectar porque depende de factores externos —el mercado, la competencia, el comportamiento de los clientes— que el software no controla.
Para no sobrestimar, conviene ser conservador: proyectar el aumento de ingresos en el escenario más probable, no en el más optimista, y considerar solo los ingresos directamente atribuibles al software.
Ejemplo. Una empresa implementa un portal de autogestión para clientes. Se espera que los clientes que usan el portal compren en promedio un quince por ciento más porque pueden hacer pedidos en cualquier momento sin depender del horario de atención. La cartera de clientes actual factura trescientos mil dólares por año. Se estima que el sesenta por ciento va a adoptar el portal en el primer año.
Algunos beneficios son reales pero no se pueden expresar en números con un nivel razonable de certeza. Por ejemplo: "mejorar la imagen de la empresa", "aumentar la satisfacción del cliente" o "reducir el riesgo de un incidente de seguridad". Incluilos en la evaluación cualitativa del proyecto —son argumentos válidos— pero no los pongas en la fórmula del ROI. Si el ROI solo se justifica con beneficios no cuantificables, la decisión de invertir debería basarse en criterios estratégicos, no financieros.
El costo total de un software no es solamente lo que cuesta construirlo. Incluye:
Período de análisis. ¿Durante cuánto tiempo se proyectan los beneficios y los costos? Un período típico para software empresarial es de tres a cinco años. Menos de tres años no alcanza a capturar el beneficio completo de sistemas que requieren una inversión inicial significativa. Más de cinco años introduce demasiada incertidumbre: en tecnología, proyectar a más de cinco años es especular.
Con los beneficios anuales proyectados y los costos totales, el ROI se calcula así:
ROI = ((Suma de beneficios anuales × Años) - Costos totales) / Costos totales × 100
Ejemplo completo. Una empresa evalúa desarrollar un sistema de gestión de órdenes de trabajo. Los números proyectados para un período de cuatro años:
Beneficios anuales proyectados:
Costos totales:
Cálculo:
El sistema se paga a sí mismo y genera un retorno del ciento seis por ciento sobre la inversión en cuatro años.
¿Cuándo se recupera la inversión? En este ejemplo, el beneficio anual es de 39.600 y el costo de desarrollo más entrenamiento es de 48.000. La inversión se recupera en aproximadamente quince meses —48.000 / (39.600 - 7.200)—, es decir, en el segundo año de operación.
Sobreestimar la adopción. El software puede ser técnicamente impecable, pero si el equipo no lo usa, no genera retorno. Proyectar que el cien por ciento de los usuarios van a adoptar el sistema desde el primer mes es la causa más frecuente de ROI sobrestimado. Un supuesto más realista es proyectar una adopción gradual: cincuenta por ciento en el primer trimestre, ochenta por ciento en el segundo, noventa y cinco por ciento en el tercero.
No contemplar el costo de mantenimiento. El costo de construcción es un gasto que se paga una vez. El costo de mantenimiento se paga todos los meses mientras el sistema esté en uso. Ignorarlo en el cálculo del ROI es como calcular el costo de un auto mirando solo el precio de compra y olvidando el combustible, el seguro y las revisiones.
Comparar contra un escenario ideal, no contra el real. El beneficio del software no es lo que ahorra respecto de un mundo perfecto donde todo funciona. Es lo que ahorra respecto de cómo funciona el proceso hoy. Si hoy el proceso es caótico y se pierden más horas y más plata de lo que la empresa cree, el beneficio proyectado va a ser mayor que si el proceso actual ya es razonablemente eficiente.
Proyectar beneficios que no dependen del software. Si el aumento de ingresos proyectado depende de que el equipo comercial contrate más vendedores y abra nuevos mercados, ese beneficio no es atribuible al software. El software puede ser un habilitador, pero el ROI debe reflejar solo lo que el software genera por sí mismo.
Hay situaciones donde un ROI positivo no alcanza para justificar la inversión, y situaciones donde un ROI bajo o incluso negativo no debería detenerla.
Cuando un ROI positivo no alcanza:
Cuando un ROI bajo no debería detener la inversión:
Un proyecto puede tener un ROI excelente y aun así ser inviable si el desembolso inicial compromete la operación del negocio. Antes de aprobar un proyecto de software, además del ROI, proyectá el impacto en el flujo de caja mes a mes. Un ROI del doscientos por ciento no sirve de nada si la empresa se queda sin caja antes de que el sistema empiece a generar retorno.
Si estás del lado de quien propone la inversión, el cálculo del ROI es tu argumento principal. Pero un número solo no convence. Lo que convence es mostrar que entendés los riesgos y que el número se sostiene incluso en un escenario conservador.
Tres cosas que suman credibilidad a una presentación de ROI:
Calcular el ROI de un software no garantiza que el proyecto sea exitoso. Pero obliga a responder las preguntas correctas antes de comprometer recursos: ¿qué va a mejorar realmente?, ¿cuánto vale esa mejora?, ¿cuánto cuesta lograrla? Si las respuestas a esas preguntas son sólidas, la decisión de invertir —o de no hacerlo— deja de ser una corazonada y se convierte en una decisión informada.
Si estás en la etapa de estimar cuánto va a costar el proyecto antes de calcular su retorno, el artículo sobre cómo estimar el costo real de un proyecto de software te da un marco para no dejar variables fuera de la cotización. Y si querés entender cuánto puede costar una decisión tecnológica equivocada —porque un mal cálculo del ROI a veces esconde una mala elección de tecnología—, revisá cuánto cuesta realmente una mala decisión tecnológica.
Más contenido sobre planificación financiera de proyectos en la categoría de costos y presupuestos.
¿Quieres evaluar cómo aplicar esto a tu proyecto?
Cuéntanos tu caso →