Automatización de procesos
Automatización de tareas manuales y conexión de herramientas existentes.
Conocer la soluciónSubir datos de clientes, contratos o información financiera a herramientas de IA como ChatGPT puede exponer a la empresa a filtraciones, incumplimientos legales y pérdida de control sobre su información.
Las herramientas de inteligencia artificial generativa —ChatGPT, Copilot, Gemini, Claude y otras— se adoptaron en las empresas a una velocidad que las políticas de seguridad no pudieron seguir. El patrón es conocido: un empleado descubre que puede subir un documento a una de estas herramientas y obtener en segundos un resumen, un análisis o una respuesta que le habría tomado horas producir por su cuenta. La herramienta es útil, el resultado es bueno y el hábito se instala antes de que nadie se pregunte qué pasa con la información que se subió.
El problema no es usar IA. Es subir información que no debería salir de la empresa a servicios que no están bajo su control. Este artículo explica cuáles son los riesgos concretos, qué tipo de información está más expuesta y qué medidas simples puede tomar cualquier empresa para reducir la exposición sin prohibir el uso de herramientas que ya son parte del trabajo diario.
Cuando un empleado sube un archivo o escribe un texto en una herramienta de IA, esa información viaja a servidores que la empresa no controla, operados por un proveedor con sus propios términos de uso, políticas de privacidad y obligaciones legales. A partir de ese momento, lo que ocurre con esa información depende del proveedor.
Los tres destinos posibles, dependiendo de la herramienta y del plan contratado:
La información se usa para entrenar los modelos del proveedor. En las versiones gratuitas de la mayoría de las herramientas de IA generativa, los datos que los usuarios suben pueden ser utilizados para mejorar los modelos. "Mejorar los modelos" significa que el proveedor usa esos datos como material de entrenamiento. Si un empleado sube un contrato con información confidencial a la versión gratuita de una herramienta, fragmentos de ese contrato —o patrones aprendidos a partir de él— pueden terminar incorporados al modelo y, potencialmente, aparecer en respuestas que el modelo le dé a otros usuarios.
La información se almacena en los servidores del proveedor. Incluso cuando el proveedor no usa los datos para entrenamiento, los datos se almacenan. El proveedor puede acceder a ellos por razones operativas —solucionar un problema técnico, investigar un uso indebido—, puede verse obligado a entregarlos por una orden judicial, o puede sufrir una brecha de seguridad que los exponga.
La información se procesa y se descarta. Algunos proveedores ofrecen —generalmente en planes empresariales pagos— la opción de que los datos no se almacenen ni se usen para entrenamiento. Pero incluso en esos casos, la información viajó por internet hasta los servidores del proveedor, fue procesada y existió en su memoria durante al menos algunos segundos. Si la comunicación no estuvo cifrada o si el proveedor sufrió un incidente de seguridad en ese lapso, la exposición ocurrió.
Un proveedor que hoy dice no usar los datos para entrenamiento puede cambiar sus términos de uso mañana, y los datos que los usuarios subieron antes del cambio pueden quedar alcanzados por la nueva política. Leer los términos una vez y asumir que siguen vigentes es una falsa sensación de seguridad.
No toda la información que se sube a una herramienta de IA tiene el mismo nivel de riesgo. Algunas categorías son particularmente sensibles:
El riesgo más visible es el técnico: que la información se filtre por una brecha de seguridad del proveedor de IA. Pero hay otros riesgos igual de relevantes:
Riesgo legal y regulatorio. En muchos países, las leyes de protección de datos exigen que la información personal de los ciudadanos no salga del país —o de la región— sin garantías específicas. Si una empresa argentina sube datos de clientes argentinos a un proveedor de IA cuyos servidores están en Estados Unidos, puede estar incumpliendo la ley de protección de datos argentina sin saberlo. Las sanciones por este tipo de incumplimiento pueden ser proporcionales a la facturación de la empresa.
Riesgo contractual. Muchos contratos entre empresas incluyen cláusulas de confidencialidad que obligan a las partes a no compartir la información del otro con terceros. Si un empleado sube a una herramienta de IA un documento que contiene información confidencial de un cliente, la empresa está incumpliendo su contrato con ese cliente. El cliente puede reclamar daños y perjuicios, y la relación comercial puede terminar.
Riesgo reputacional. Si se hace público que una empresa expuso datos de sus clientes por subirlos a una herramienta de IA, el daño a la reputación puede ser más costoso que cualquier sanción. Los clientes no distinguen entre "la empresa filtró los datos" y "la empresa compartió los datos con un proveedor que los filtró": el resultado es que sus datos quedaron expuestos, y la responsabilidad es de la empresa.
Prohibir el uso de herramientas de IA no es realista —los empleados van a usarlas igual, solo que sin que la empresa lo sepa, lo cual es peor—. Lo que funciona es establecer reglas claras y proporcionar alternativas seguras.
1. Definir qué información no puede compartirse bajo ninguna circunstancia. La regla más importante es también la más simple: datos personales de clientes, información financiera no pública, propiedad intelectual y credenciales no se suben a ninguna herramienta de IA —ni gratuita ni paga— sin autorización explícita. Esta regla debe estar escrita, comunicada y reforzada periódicamente.
2. Contratar versiones empresariales de las herramientas. Las versiones pagas para empresas suelen ofrecer garantías contractuales de que los datos no se usan para entrenamiento, se almacenan en regiones específicas y se eliminan después del procesamiento. No eliminan el riesgo —los datos siguen viajando a servidores externos— pero lo reducen significativamente respecto de las versiones gratuitas.
3. Anonimizar la información antes de subirla. Si un empleado necesita que la IA analice una base de datos de clientes, puede reemplazar los nombres reales con identificadores genéricos —"Cliente 1", "Cliente 2"— antes de subir la información. La IA puede analizar patrones, tendencias y estadísticas sin necesidad de saber que "Cliente 1" es "Juan Pérez".
4. Usar herramientas de IA que se ejecutan en servidores propios. Existen modelos de IA que pueden instalarse y ejecutarse en la infraestructura de la empresa, sin que los datos salgan de su control. Esta opción requiere inversión técnica pero es la única que garantiza que la información nunca abandona los sistemas de la empresa.
Un empleado que quiere que la IA lo ayude a redactar un correo para un cliente puede no darse cuenta de que está compartiendo información confidencial. Si en el prompt escribe "el cliente ABC debe pagar $50.000 antes del viernes o aplicamos la penalidad del contrato", está exponiendo el nombre del cliente, el monto de la deuda y la existencia de una penalidad. La información confidencial no siempre viene en forma de planilla o documento: a veces está en el texto que parece inofensivo.
El error más común al implementar reglas de uso de IA es comunicarlas como una prohibición sin explicación. "No suban información a ChatGPT" genera dos reacciones: la primera es ignorar la regla porque no se entiende el riesgo; la segunda es buscar formas de evadirla.
Lo que funciona es explicar el porqué, dar ejemplos concretos y ofrecer alternativas:
El artículo sobre qué es una brecha de seguridad y cómo puede afectar a una empresa explica que la mayoría de las brechas no empiezan con un ataque sofisticado sino con un error humano. Compartir información confidencial con una herramienta de IA sin saber las consecuencias entra exactamente en esa categoría: no es un ataque, es un error, pero el daño es el mismo.
La diferencia entre usar IA de manera segura y exponer información confidencial no está en la herramienta que se elige sino en las reglas que la empresa establece antes de que alguien, con la mejor intención, comparta lo que no debía.
Automatización de tareas manuales y conexión de herramientas existentes.
Conocer la soluciónRevisión técnica y plan de evolución para sistemas que presentan riesgos o son difíciles de mantener.
Conocer la soluciónDescribe las tareas repetitivas, herramientas y personas involucradas.